-Rebelde sin causa-
Elefantes oníricos
Pequeños discursos sobre la depresión, el suicidio y afínes.
lunes, 13 de febrero de 2012
21
Nunca pensé que llegaría a vivir los 18... ¿No es una locura? Cada día me miro me miro en el espejo y digo ¿Que? ¿Sigues aquí? ¡vaya! He incluso hoy, me he levantado esta mañana ¿Sabes? El sol brillaba y todo era maravilloso y me he dicho... Este va ha ser un día genial, así que mas vale que lo disfrutes... Porque mañana puede que ya no estés.
domingo, 11 de septiembre de 2011
¿Vale la pena?
"Me dicen que abra los ojos y contemple las bellezas que el sol alumbra; que admire sus montañas, sus valles, sus torrentes, sus plantas, sus animales y no sé cuantas cosas más. Pero entonces, ¿el mundo no es más que una linterna mágica?. Ciertamente el espectáculo es espléndido, pero en cuanto a representar allí algún papel, eso es otra cosa."
Arthur schpenhaguer
¿Vale la pena vivir?
Esta pregunta ha invadido mis pensamientos desde hace un par de meses. Morir ya no es algo que desee, sin embargo, a veces siento que vivir tampoco.
Por alguna razón no logro estar satisfecho con mi vida, supongo que nadie esta del todo satisfecho con su vida, pero ¿debe haber algo mas o no? Una razón para vivir
algo que yo no comprendo, que los ayuda a seguir adelante, un trozo que parece faltarme.
¿Es una persona? ¿Es una actividad? ¿Una familia? ¿Un trabajo? ¿Un sueño? ¿Un dios?
Mi terapeuta insiste en que si busco lo suficiente algo aparecerá…
Yo creí que estaba buscando, pero me he dado cuenta hoy que no es así. Mejor dicho me hicieron darme cuenta, mi terapeuta me señalo que no estoy buscando nuevas actividades por miedo y que las pocas cosas que intento las dejo por decepción, nada parece, porque no estoy buscando con la suficiente fuerza, porque tengo tanto miedo de que nada aparezca que me inmovilizo.
Y es que tengo miedo de no encontrar nada… no tengo ninguna garantía de que vaya suceder. Busca y aparecerá, como confiar en eso, cuando no es un argumento, sino una mera afirmación carente de una justificación concreta.
Hace unas semanas, por encargo de mi terapeuta, pregunte a mis conocidos porque consideraban que la vida valía la pena…
Solté la pregunta mientras tenia a varios amigos alrededor, sus respuestas me hicieron sentir muy mal, casi todos, me dijeron con voz condesciende que por supuesto que si, casi increpándome como podía preguntarles algo tan obvio.
La vida es frustrante y altamente insatisfactoria, sin embargo hay mucha mas gente luchando por vivir que por morir, es solo instinto o tal vez si hay algo que una vez encontrado, no se quiere dejar ir…
"El que no posee el don de maravillarse ni de entusiasmarse más le valdría estar muerto, porque sus ojos están cerrados"
Esta pregunta ha invadido mis pensamientos desde hace un par de meses. Morir ya no es algo que desee, sin embargo, a veces siento que vivir tampoco.
Por alguna razón no logro estar satisfecho con mi vida, supongo que nadie esta del todo satisfecho con su vida, pero ¿debe haber algo mas o no? Una razón para vivir
algo que yo no comprendo, que los ayuda a seguir adelante, un trozo que parece faltarme.
¿Es una persona? ¿Es una actividad? ¿Una familia? ¿Un trabajo? ¿Un sueño? ¿Un dios?
Mi terapeuta insiste en que si busco lo suficiente algo aparecerá…
Yo creí que estaba buscando, pero me he dado cuenta hoy que no es así. Mejor dicho me hicieron darme cuenta, mi terapeuta me señalo que no estoy buscando nuevas actividades por miedo y que las pocas cosas que intento las dejo por decepción, nada parece, porque no estoy buscando con la suficiente fuerza, porque tengo tanto miedo de que nada aparezca que me inmovilizo.
Y es que tengo miedo de no encontrar nada… no tengo ninguna garantía de que vaya suceder. Busca y aparecerá, como confiar en eso, cuando no es un argumento, sino una mera afirmación carente de una justificación concreta.
Hace unas semanas, por encargo de mi terapeuta, pregunte a mis conocidos porque consideraban que la vida valía la pena…
Solté la pregunta mientras tenia a varios amigos alrededor, sus respuestas me hicieron sentir muy mal, casi todos, me dijeron con voz condesciende que por supuesto que si, casi increpándome como podía preguntarles algo tan obvio.
La vida es frustrante y altamente insatisfactoria, sin embargo hay mucha mas gente luchando por vivir que por morir, es solo instinto o tal vez si hay algo que una vez encontrado, no se quiere dejar ir…
"El que no posee el don de maravillarse ni de entusiasmarse más le valdría estar muerto, porque sus ojos están cerrados"
albert einstein
lunes, 22 de agosto de 2011
Yo no me río de la muerte
Elegia
Tú quisiste descansar
en tierra muerta y en olvido.
Creías poder vivir solo
en el mar, o en los montes.
Luego supiste que la vida
es soledad entre los hombres
y soledad entre los valles.
Que los días que circulaban
en tu pecho sólo eran nuestras
de dolor entre tu llanto. Pobre
amigo. No sabías nada ni llorabas nada
Yo nunca me río
de la muerte.
Simplemente
sucede que
no tengo
miedo
de
morir
entre
pájaros y arboles
Yo no me río de la muerte.
Pero a veces tengo sed
y pido un poco de vida,
a veces tengo sed y pregunto
diariamente, y como siempre
sucede que no hallo respuestas
sino una carcajada profunda
y negra. Ya lo dije, nunca
suelo reir de la muerte,
pero sí conozco su blanco
pero sí conozco su blanco
rostro, su tétrica vestimenta.
Yo no me río de la muerte.
Sin embargo, conozco su
blanca casa, conozco su
blanca vestimenta, conozco
su humedad y su silencio.
Claro está, la muerte no
me ha visitado todavía,
y Uds. preguntarán: ¿qué
conoces? No conozco nada.
Es cierto también eso.
Empero, sé que al llegar
ella yo estaré esperando,
yo estaré esperando de pie
o tal vez desayunando.
La miraré blandamente
(no se vaya a asustar)
y como jamás he reído
de su túnica, la acompañaré,
solitario y solitario.
Javier Heraud
domingo, 7 de agosto de 2011
Aniversario III: Infierno
"Estoy contigo en Rockland
donde cincuenta shocks mas no te devolveran nunca tu
alma a su cuerpo desde su peregrinaje a
una cruz del vacio..."
-Howl, parte 3; Allen Gynsberg-
Mi madre hablo con tres psiquiatras luego de mi intento de suicidio, dos de ellos le dijeron que debía ser internado en un hospicio, clínica o afín; pues tenia una conducta autodestructiva que escapaba a mi control; la tercera le dijo que no era necesario recluirme para seguir el tratamiento, dijo que merecía una ultima oportunidad y que la decisión seria mía.
De mala gana acepte tener una consulta con la última. Nunca me agradaron los psiquiatras, mi mente era mi tesoro mas preciado, pase años ordenadora, cuidadosamente para no ser un esclavo más, para no ser como mi padre, para no ser como mi madre.
No dejaría que una doctora arrogante decidiera que había algo mal conmigo solo porque no era como el resto. No considere ni por un momento que pudiera tener razón, no me consideraba enfermo, solo era miserable y nada de lo que hicieran cambiaria eso.
Sin embargo ocurrió algo interesante, ella me propuso un trato, yo creo que estas enfermo, dijo, déjame tratarte y si cuando yo creo que te encuentras bien aun quieres matarte, puedes hacerlo, no pierdes nada…
Era un ardid burdo y obvio, resultaba insultante que pensara que caería en truco así, sin embargo se vislumbraba algo tras sus palabras, ella tenia plena confianza en que eliminaría mis deseos suicidas, estaba realizando una apuesta y en la mesa ponía su trabajo, su carrera, años de estudio y duro trabajo, su seguridad económica, el estilo de vida de su familia y varias cosas mas. No estaba blufeando, en verdad, creía poder hacerlo.
Acepte tomar la medicación que me indico, pero me negué a ser internado, esto ultimo fue un gran error, de haber estado en alguna institución me hubieran dormido durante el tiempo de latencia de los antidepresivos, eso es un me entero, un mes entero en el cual descubrí lo que es el infierno.
Lo recuerdo bien, muy bien, suele decirse “lo recuerdo como si hubiera sido ayer” pero este no es el caso, esto yo lo recuerdo como si estuviera pasando en este momento…
donde cincuenta shocks mas no te devolveran nunca tu
alma a su cuerpo desde su peregrinaje a
una cruz del vacio..."
-Howl, parte 3; Allen Gynsberg-
Mi madre hablo con tres psiquiatras luego de mi intento de suicidio, dos de ellos le dijeron que debía ser internado en un hospicio, clínica o afín; pues tenia una conducta autodestructiva que escapaba a mi control; la tercera le dijo que no era necesario recluirme para seguir el tratamiento, dijo que merecía una ultima oportunidad y que la decisión seria mía.
De mala gana acepte tener una consulta con la última. Nunca me agradaron los psiquiatras, mi mente era mi tesoro mas preciado, pase años ordenadora, cuidadosamente para no ser un esclavo más, para no ser como mi padre, para no ser como mi madre.
No dejaría que una doctora arrogante decidiera que había algo mal conmigo solo porque no era como el resto. No considere ni por un momento que pudiera tener razón, no me consideraba enfermo, solo era miserable y nada de lo que hicieran cambiaria eso.
Sin embargo ocurrió algo interesante, ella me propuso un trato, yo creo que estas enfermo, dijo, déjame tratarte y si cuando yo creo que te encuentras bien aun quieres matarte, puedes hacerlo, no pierdes nada…
Era un ardid burdo y obvio, resultaba insultante que pensara que caería en truco así, sin embargo se vislumbraba algo tras sus palabras, ella tenia plena confianza en que eliminaría mis deseos suicidas, estaba realizando una apuesta y en la mesa ponía su trabajo, su carrera, años de estudio y duro trabajo, su seguridad económica, el estilo de vida de su familia y varias cosas mas. No estaba blufeando, en verdad, creía poder hacerlo.
Acepte tomar la medicación que me indico, pero me negué a ser internado, esto ultimo fue un gran error, de haber estado en alguna institución me hubieran dormido durante el tiempo de latencia de los antidepresivos, eso es un me entero, un mes entero en el cual descubrí lo que es el infierno.
Lo recuerdo bien, muy bien, suele decirse “lo recuerdo como si hubiera sido ayer” pero este no es el caso, esto yo lo recuerdo como si estuviera pasando en este momento…
Encerrado en mi celda de cortinas rosadas, la luz que pasa por ellas quema mis ojos, sufro, lloro, me retuerzo entre mis sabanas.
Siento un golpe tambor dentro de la cabeza, dentro, detrás de los ojos, entre hemisferio y hemisferio Un golpeteo que jamás termina y que te vuelve loco poco a poco. Como la risa del fantasma de la existencia, alimentado por el recuerdo de la misera, pone sus manos alrededor de mi cuello y susurra “por siempre”
Sueño con muerte, cuchillos y sangre. Y siento el vértigo, la imponencia, el descontrol. Y quiero gritar y gritar, suplicar a los cielos ¡que alguien aplaste a este pobre insecto, por favor, matadme, piedad, el dolor es demasiado grande!
http://www.youtube.com/watch?v=dA1ul7s4PWc
http://www.youtube.com/watch?v=dA1ul7s4PWc
domingo, 10 de julio de 2011
Aniversario II: Tres dias despues...
"El suicidio, lejos de negar la voluntad, la afirma enérgicamente. Pues la negación no consiste en aborrecer el dolor, sino los goces de la vida. El suicida ama la vida; lo único que pasa es que no acepta las condiciones en que se le ofrece"
-Arthur schopenhauer-
Es curioso, pero, por más que intento, no logro recordar los días entre mis dos últimos intentos de suicidio.
Pero recuerdo esa mañana…
Desayuno en familia, mi tía, mis dos primas, mi padrastro y mi madre.
La mesa de la sala puesta, panes, tamales, café recién pasado.
Era doloroso. Sus risas, el sonido de los cubiertos contra los platos, sus gritos de alegría, tanta vida.
Sentía tal congoja, tanto sufrimiento. Y la asfixia. No se porque, pero, así se siente la depresión, la severa al menos, se siente un vació en el pecho, hondo, como si hubieran arrancado parte de tu alma y te estuvieras consumiendo de adentro hacia afuera.
Volví a mi cuarto. Por supuesto, nada cambio. Yo lo sabía, sabía que nada cambiaria, que el dolor jamás se iría, siempre a mi lado, así había sido y así seria. Ese dolor era la única constante en mi vida, ese dolor, “Tristeza patológica” un dolor como nunca he vuelto ha sentir y que me alegro solo conozcamos unos pocos, es un dolor sin filtros, crudo, ese que solo puede sentirse cuando ya no hay rastros de esperanza o alegría. Dolor puro.
Fui hasta la cocina y cocí un cuchillo, el mismo de tres días atrás, lo escondí en la parte de atrás de mi pantalón, atravesé el comedor lentamente pasando frente a mis familiares mientras mi corazón latía a todo dar, ellos seguían conversando y riendo.
Deseaba la muerte como jamás había deseado nada.
Y sin embargo, no quería morir. Cada vez que apoyaba el cuchillo sobre mi brazo, sentía como el instinto de supervivencia invadía mi cuerpo, mis músculos se tensaban y mi mente gritaba ¡NO!
SI, quería vivir, una vida, pero no la mía, odiaba mi vida, me odiaba a mi mismo, quería ser alguien diferente, otra persona, fuera quien fuera, peor sabia que eso no ocurriría, nada cambiaria, ya no podía mas, solo quería dejar de padecer, estar vivo dolía demasiado.
A partir de allí todo se vuelve nebuloso, no recuerdo bien que fue lo que ocurrió...
Recuerdo a mi madre quitándome el cuchillo de las manos, recuerdo sentirme desesperado, coger mis llaves e intentar clavarlas en un tomacorriente. Sabia que eso no me mataría, pero necesitaba hacer algo, quería probarle a mi madre que no podría detenerme que morir era mi decisión. En el tiempo que me demore cogiendo el cuchillo, moviendo el estante que bloqueaba el tomacorrientes y desconectándolos enchufes que ahí estaban, mi madre cogió mi brazo, me detuve con las llaves casi dentro. Podía soportar la descarga, pero no lastimaría a mi madre. Sin embargo eso fue lo que hice con mi intento de suicidio. Si sabia que seria un golpe fuerte para ella, peor no imaginé en que forma.
Mi madre me ama, eso era algo que tenía en muy claro, sin embargo, siempre la sentí añorar a la persona que yo era cuando chico. Siempre me decía como solía ser antes que mi padre se fuera, siempre busco algo mal conmigo, me paseo por cuantos doctores y tratamientos new age pudo. Yo creía que ella quería a esa persona de regreso, que ella amaba a alguien que ya no existía y que no había existido desde hacia mucho. Según mi razonamiento no le estaba quitando nada que no hubiera perdido ya.
Sin embargo todos los razonamientos se vinieron abajo cuando vi el dolor que le cause. Jamás había visto tanta tristeza en sus ojos. Su rostro estaba desencajado, su voz quebrada y las lágrimas corrían por sus mejillas. Si hay algo de lo que me aprieto con respecto a mi intento de suicidio es lo que le hice pasar. Sabía que ya no podría hacerlo, nunca otra vez.
Mi madre comenzó ha hablar con psiquiatras, buscándome una cita, comencé a oír palabras como “sedarlo” e “internarlo” Era terrible, ya no había tenia opciones, estaba atrapado en mi vida, condenado a sufrir
-Arthur schopenhauer-
Es curioso, pero, por más que intento, no logro recordar los días entre mis dos últimos intentos de suicidio.
Pero recuerdo esa mañana…
Desayuno en familia, mi tía, mis dos primas, mi padrastro y mi madre.
La mesa de la sala puesta, panes, tamales, café recién pasado.
Era doloroso. Sus risas, el sonido de los cubiertos contra los platos, sus gritos de alegría, tanta vida.
Sentía tal congoja, tanto sufrimiento. Y la asfixia. No se porque, pero, así se siente la depresión, la severa al menos, se siente un vació en el pecho, hondo, como si hubieran arrancado parte de tu alma y te estuvieras consumiendo de adentro hacia afuera.
Volví a mi cuarto. Por supuesto, nada cambio. Yo lo sabía, sabía que nada cambiaria, que el dolor jamás se iría, siempre a mi lado, así había sido y así seria. Ese dolor era la única constante en mi vida, ese dolor, “Tristeza patológica” un dolor como nunca he vuelto ha sentir y que me alegro solo conozcamos unos pocos, es un dolor sin filtros, crudo, ese que solo puede sentirse cuando ya no hay rastros de esperanza o alegría. Dolor puro.
Fui hasta la cocina y cocí un cuchillo, el mismo de tres días atrás, lo escondí en la parte de atrás de mi pantalón, atravesé el comedor lentamente pasando frente a mis familiares mientras mi corazón latía a todo dar, ellos seguían conversando y riendo.
Deseaba la muerte como jamás había deseado nada.
Y sin embargo, no quería morir. Cada vez que apoyaba el cuchillo sobre mi brazo, sentía como el instinto de supervivencia invadía mi cuerpo, mis músculos se tensaban y mi mente gritaba ¡NO!
SI, quería vivir, una vida, pero no la mía, odiaba mi vida, me odiaba a mi mismo, quería ser alguien diferente, otra persona, fuera quien fuera, peor sabia que eso no ocurriría, nada cambiaria, ya no podía mas, solo quería dejar de padecer, estar vivo dolía demasiado.
A partir de allí todo se vuelve nebuloso, no recuerdo bien que fue lo que ocurrió...
Recuerdo a mi madre quitándome el cuchillo de las manos, recuerdo sentirme desesperado, coger mis llaves e intentar clavarlas en un tomacorriente. Sabia que eso no me mataría, pero necesitaba hacer algo, quería probarle a mi madre que no podría detenerme que morir era mi decisión. En el tiempo que me demore cogiendo el cuchillo, moviendo el estante que bloqueaba el tomacorrientes y desconectándolos enchufes que ahí estaban, mi madre cogió mi brazo, me detuve con las llaves casi dentro. Podía soportar la descarga, pero no lastimaría a mi madre. Sin embargo eso fue lo que hice con mi intento de suicidio. Si sabia que seria un golpe fuerte para ella, peor no imaginé en que forma.
Mi madre me ama, eso era algo que tenía en muy claro, sin embargo, siempre la sentí añorar a la persona que yo era cuando chico. Siempre me decía como solía ser antes que mi padre se fuera, siempre busco algo mal conmigo, me paseo por cuantos doctores y tratamientos new age pudo. Yo creía que ella quería a esa persona de regreso, que ella amaba a alguien que ya no existía y que no había existido desde hacia mucho. Según mi razonamiento no le estaba quitando nada que no hubiera perdido ya.
Sin embargo todos los razonamientos se vinieron abajo cuando vi el dolor que le cause. Jamás había visto tanta tristeza en sus ojos. Su rostro estaba desencajado, su voz quebrada y las lágrimas corrían por sus mejillas. Si hay algo de lo que me aprieto con respecto a mi intento de suicidio es lo que le hice pasar. Sabía que ya no podría hacerlo, nunca otra vez.
Mi madre comenzó ha hablar con psiquiatras, buscándome una cita, comencé a oír palabras como “sedarlo” e “internarlo” Era terrible, ya no había tenia opciones, estaba atrapado en mi vida, condenado a sufrir
jueves, 7 de julio de 2011
Aniversario I
"Estoy muy triste y me siento más desgraciado de lo que puedo decir, y no sé hasta dónde he llegado... no sé qué hacer ni qué pensar, pero deseo vehementemente dejar este lugar... siento tanta melancolía..."
-Vincent Van Gogh. Carta del 30 de abril de 1890-
Hoy hace un año intenté suicidarme.
No estoy seguro porque considero el 7 de agosto de 2010 como mi fecha de aniversario, cuando no fue ni mi primer ni mi último intento de suicidio.
Tal vez por que no salte de mi bacón ese primero de enero de 2010 lo cual no lo hace tanto un intento como un deseo realmente fuerte. Quería hacerlo pero sabía que no había razonado esa decisión, sabía que no había garantía de que la caída de cinco pisos me matara y además, le temo al as alturas desde que era niño.
Ese día de agosto como todos los anteriores llegue de la universidad a media mañana y me lancé a mi cama a llorar. Nadie llamo, nadie me busco.
"Esta mañana (en el campo), el día es gris y benigno. Sufro (por no se que incidente). Una idea de suicidio se presenta, limpia de todo resentimiento (ningún chantaje a nadie); es una idea insulsa; no rompe nada (no "quiebra" nada), se adapta al color (al silencio, al abandono) de esta mañana"
Werther, Goethe
-Fragmentos de un discurso amoroso, Roland Barthes-
Decidí matarme. Mis opciones, las formas más indoloras de morir, ahogarme con gas, cortarme las venas en una tina, o una sobredosis de pastillas.
No podía usar gas porque corría el riesgo de que llegara, una de las primas con que vivo, a la casa, buscar las pastillas correctas se me hacia muy trabajoso. Elegí el cuchillo, no podía llenarla tina de mi baño por que otra vez mis tías tenían acceso a esa parte de la casa, cogí un cuchillo, me encerré en mi cuarto.
Lo apoye en mis brazos, en forma vertical, el corte más efectivo, la forma más rápida de desangrarse. Pase horas intentado cortar mi piel, lloraba, el tiempo estaba detenido, puse una canción de Sui generis, “canción para mi muerte” no por el nombre sino por la letra.
Hubo un tiempo que fue hermoso
y fui libre de verdad,
guardaba todos mis sueños
en castillos de cristal.
Poco a poco fui creciendo,
y mis fábulas de amor
se fueron desvaneciendo
como pompas de jabón.
Oía mi corazón latir por encima de la música, cada célula de mi cuerpo me rogaba me detuviera. Cuando llegaron las diez apague las luces de mi cuarto para que creyeran que me había ido a dormir, pase el cuchillo a mi muñeca, un corte más pequeño seria mas sencillo.
Pase varias horas más en esa posición. Llorando, parecía tan simple, lo deseaba como nada antes en mi vida, un beso, solo uno y después…
Nadie llego a mi casa hasta la 1 AM. Pude hacerlo, pude haber terminado con todo y nadie hubiera podido evitarlo.
No lo hice.
Tres días después volví a intentarlo.
-Vincent Van Gogh. Carta del 30 de abril de 1890-
Hoy hace un año intenté suicidarme.
No estoy seguro porque considero el 7 de agosto de 2010 como mi fecha de aniversario, cuando no fue ni mi primer ni mi último intento de suicidio.
Tal vez por que no salte de mi bacón ese primero de enero de 2010 lo cual no lo hace tanto un intento como un deseo realmente fuerte. Quería hacerlo pero sabía que no había razonado esa decisión, sabía que no había garantía de que la caída de cinco pisos me matara y además, le temo al as alturas desde que era niño.
Ese día de agosto como todos los anteriores llegue de la universidad a media mañana y me lancé a mi cama a llorar. Nadie llamo, nadie me busco.
"Esta mañana (en el campo), el día es gris y benigno. Sufro (por no se que incidente). Una idea de suicidio se presenta, limpia de todo resentimiento (ningún chantaje a nadie); es una idea insulsa; no rompe nada (no "quiebra" nada), se adapta al color (al silencio, al abandono) de esta mañana"
Werther, Goethe
-Fragmentos de un discurso amoroso, Roland Barthes-
Decidí matarme. Mis opciones, las formas más indoloras de morir, ahogarme con gas, cortarme las venas en una tina, o una sobredosis de pastillas.
No podía usar gas porque corría el riesgo de que llegara, una de las primas con que vivo, a la casa, buscar las pastillas correctas se me hacia muy trabajoso. Elegí el cuchillo, no podía llenarla tina de mi baño por que otra vez mis tías tenían acceso a esa parte de la casa, cogí un cuchillo, me encerré en mi cuarto.
Lo apoye en mis brazos, en forma vertical, el corte más efectivo, la forma más rápida de desangrarse. Pase horas intentado cortar mi piel, lloraba, el tiempo estaba detenido, puse una canción de Sui generis, “canción para mi muerte” no por el nombre sino por la letra.
Hubo un tiempo que fue hermoso
y fui libre de verdad,
guardaba todos mis sueños
en castillos de cristal.
Poco a poco fui creciendo,
y mis fábulas de amor
se fueron desvaneciendo
como pompas de jabón.
Oía mi corazón latir por encima de la música, cada célula de mi cuerpo me rogaba me detuviera. Cuando llegaron las diez apague las luces de mi cuarto para que creyeran que me había ido a dormir, pase el cuchillo a mi muñeca, un corte más pequeño seria mas sencillo.
Pase varias horas más en esa posición. Llorando, parecía tan simple, lo deseaba como nada antes en mi vida, un beso, solo uno y después…
Nadie llego a mi casa hasta la 1 AM. Pude hacerlo, pude haber terminado con todo y nadie hubiera podido evitarlo.
No lo hice.
Tres días después volví a intentarlo.
miércoles, 8 de junio de 2011
Lista
Este blog comenzó solo como un ejercicio mental. Mi psiquiatra recomendó que escribiera mis pensamientos para ordenarlos y yo los subí a la red porque creo que escribir para nadie es una perdida de tiempo.
Resultó que Ella tenia razón, este blog termino siendo una de las pocas cosas que me mantenían cuerdo mientras la medicación hacia efecto. Y con el tiempo paso a ser una gran forma de explorar los cambios que se produjeron en mi mente.
Sin embargo poco a poco ha ido perdiendo ese sentido conforme yo mismo he comenzado a sentirme mas a gusto con mi vida. Aun me falta mucho camino por recorrer en mi tratamiento y es por eso que he decidido no cerrar el blog, pero la perspectiva nueva con que veo el mundo, mis “ganas de vivir” hace que este comience una nueva etapa.
Cerca al final de la película Manhattan , Issac Davis ,el personaje que interpreta Woody Allen (a quien considero un gran genio) decide hacer una lista con las razones por las cuales vale la pena vivir.
Me pareció que seria una buena forma de cerrar esta etapa del blog con un ejercicio similar, sin embargo, al intentar extrapolar esto a mi caso, me di cuenta de que no estoy seguro de que la vida valga la pena. Ya no deseo estar muerto y, si, hay cosas que me agradan de estar vivo, pero, de ahí decir a que la vida valga la pena hay mucha distancia.
Titulare esta lista: "Cosas que me gustan de la vida" La lista de Allen comienza con Groucho marx, quien el considera el genio mas grande de la comedia así que es justo que la mía comience con...
Woody allen
El cine
Rock n roll
Guns n roses, Red hot chilli peppers, Jimmy eat world
George carlin
Whose line is it anyway
Los postres
Doctor who
Neruda
Las novelas graficas de Alan moore
...
Esperaba una lista algo mayor, supongo que eso es lo que mi tereapeutaintenta cuando insiste en que busque actividades nuevas.
C'est la vie...
Resultó que Ella tenia razón, este blog termino siendo una de las pocas cosas que me mantenían cuerdo mientras la medicación hacia efecto. Y con el tiempo paso a ser una gran forma de explorar los cambios que se produjeron en mi mente.
Sin embargo poco a poco ha ido perdiendo ese sentido conforme yo mismo he comenzado a sentirme mas a gusto con mi vida. Aun me falta mucho camino por recorrer en mi tratamiento y es por eso que he decidido no cerrar el blog, pero la perspectiva nueva con que veo el mundo, mis “ganas de vivir” hace que este comience una nueva etapa.
Cerca al final de la película Manhattan , Issac Davis ,el personaje que interpreta Woody Allen (a quien considero un gran genio) decide hacer una lista con las razones por las cuales vale la pena vivir.
Me pareció que seria una buena forma de cerrar esta etapa del blog con un ejercicio similar, sin embargo, al intentar extrapolar esto a mi caso, me di cuenta de que no estoy seguro de que la vida valga la pena. Ya no deseo estar muerto y, si, hay cosas que me agradan de estar vivo, pero, de ahí decir a que la vida valga la pena hay mucha distancia.
Titulare esta lista: "Cosas que me gustan de la vida" La lista de Allen comienza con Groucho marx, quien el considera el genio mas grande de la comedia así que es justo que la mía comience con...
Woody allen
El cine
Rock n roll
Guns n roses, Red hot chilli peppers, Jimmy eat world
George carlin
Whose line is it anyway
Los postres
Doctor who
Neruda
Las novelas graficas de Alan moore
...
Esperaba una lista algo mayor, supongo que eso es lo que mi tereapeutaintenta cuando insiste en que busque actividades nuevas.
C'est la vie...
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